¿Tus naranjas confitadas siempre quedan tiesas como suelas?
Aquí no pasa.
El problema no es la fruta.
Es el azúcar cristalizado… y la ausencia de un ingrediente que lo cambia todo.
Si no lo pones, el azúcar forma cristales, la fruta se seca,
y lo que debería ser una delicia acaba siendo un cítrico momificado.
Si lo pones, logras naranjas
tiernas, jugosas, brillantes y aromáticas.
Las que deberían vender… pero nunca venden.
Lo que sobra, se convierte en un licor casero tan bueno
que después de probarlo cualquier arroz con leche sin él sabe a poco.
Una técnica. Dos maravillas.
Y cero naranjas-ladrillo.